martes, octubre 04, 2005

No soy culpable, sólo un cronista












Yo soy sólo un cronista.


No soy culpable de nada, excepto de mi defensa
y de arrepentirme de algunas posiciones extremas
A lo más pueden echarme encima alguno
de los crímenes que han cometido ellos,
pero a la larga ningún fuego se pierde,
las aguas retornan a su sitio,
todo adquiere el tono grisáceo de la simulación.

Nadie buscará la huella de mis zapatos claveteados
en el chaco boreal
ni me quedaré en arbela viendo pasar los muertos
en el espejo deformado de mi cara.

Ni más acá ni más allá me esperan maleficios,
ningún vengador llegará tardíamente a descuerar
mi conciencia y los árboles no cubrirán la osamenta
de un general sin tropa.
Mi muerte no será espectáculo público ni privado,
decantado en el ánfora apenas un amasijo de silencios.
Del otro seguirán hablando, lo calcinarán
con una lentitud histórica
difícil de parangonar y precisar.
Jamás la apariencia parodió tanto a la esencia
como en este caso.
Nunca la pirotecnia del recuerdo
ha dado tanto que hablar sobre tan poco.
Nadie negará su existencia.
Nadie olvidará sus execrables discursos.
Nadie dejará de pensar en la maldad sin recordarlo.
De alguna manera ha sido yo, todos nosotros,
de alguna manera seguirá perdurando en la memoria
en el laberinto de la zona oscura,
en la falsificación.

A mí no me clavarán un puñal por la espalda
ni me pondrán en el libro de los hechos sin vuelta.
A mí apenas
me juzgarán por dar cuenta de los excesos.


Por limpiar el polvo de una superficie rasguñada por el terror.


Naín Nómez-Díaz


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